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El valor de la formación continua: el seminario/programa

de un año (SUA).

Por Irene Jové

 

 Realicé mi primera formación de Rebirthing en el año 1990 y desde entonces he participado como alumna, asistente o profesora en distintos programas de encuentros mensuales para aprender y practicar Renacimiento.

Todos ellos han sido experiencias interesantes y gratificantes, pero sobre todo han constituído un apoyo de valor incalculable para mi propio proceso personal, al proporcionar el espacio consciente dónde me he medido, descubierto, encontrado y reencontrado.

 Los programas de encuentros mensuales, también llamados seminarios o programas de un año (SUAs), constituyen una herramienta muy valiosa para nuestro desarrollo personal, ya que es a menudo reflejándonos en el otro que damos grandes pasos hacia la comprensión de nosotros mismos. Cada SUA en el que participo descubre facetas personales en mi misma que permanecían escondidas y además me permite comprender más y más profundamente aspectos profesionales, aunque ya los haya tratado en numerosas ocasiones anteriores. El nivel de conciencia y experiencia se va ampliando año tras año, y así, lo que estaba lejos de entender o poner en práctica en un momento dado, al cabo de un tiempo lo puedo implementar con facilidad en mi realidad. Por otro lado, si las personas que lideran el SUA están en contacto con las últimas novedades en el mundo del Rebirthing, es un vehículo estupendo para recibir la información más actualizada, inspiradora y estimulante.

 El compartir nuestras experiencias vitales dentro del marco de un grupo consciente desde un enfoque integral (en el que se contempla también la vertiente espiritual del ser humano), nos facilita el aprendizaje de relaciones constructivas, fundamentadas en la autenticidad, el respeto mutuo y el reconocimiento de nuestras sombras por iluminar, pero tambien de la divinidad en nosotros y en el otro. Como consecuencia de ello y por extensión, nuestras relaciones -familiares, profesionales,etc- también se ven influídas positivamente. 

 En definitiva, los SUAs nos ayudan a avanzar en los distintos ámbitos de la vida, mejorándolos, acercándonos a nuestros sueños y finalmente alcanzándolos. Es un pilar dónde encontrar la fortaleza necesaria para atrevernos a explorar más allá de las zonas de seguridad y de confort que a menudo nos van restando energía y entusiasmo de forma sutil y progresiva, obstaculizando el desarrollo de nuestro potencial, lo que verdaderamente somos.

 En mi opinión ,y en la de otros muchos renacedores, sería estupendo si la mayoría de los practicantes de Rebirthing formáramos parte de un grupo de apoyo dónde renacernos como mínimo una vez al mes, dando y recibiendo sesiones, inspiraciones, conocimientos. Es por ello que estoy convencida de la importancia de difundir los SUAs y el valor de participar en ellos cada año, como una poderosa herramienta de transformación personal, familiar y social, que de hecho impacta en la humanidad entera. No estamos solos frente a nuestros anhelos, depende de nosotros el crear el apoyo que necesitamos. Los SUAs se pueden multiplicar por nuestra geografía para ofrecer un espacio dónde aprender, crecer y transformar nuestras vidas personal y colectivamente, en dirección a nuestros más altos ideales.

 A lo largo de los años he observado como muchas personas que realizan programas de Renacimiento para mejorar su desarrollo ya sea personal o profesional, terminan dejándose llevar por la creencia de que ya han adquirido los conocimientos suficientes y ,al dejar de formarse , permiten que la fuerza de las pulsiones inconscientes los conduzcan de nuevo a los viejos hábitos y actitudes. Es lo que Leonard Orr llama barreras de aprendizaje. Sabemos que en Rebirthing se pueden diferenciar dos etapas (1). En la primera aprendemos las bases mediante un ciclo de 10 sesiones individuales. La segunda es una maestría de vida que finaliza cuando hemos desarrollado nuestro potencial. Los SUAs son unos magníficos espacios para ir explorando y desarrollando nuevas dimensiones de nosotros mismos, capacidades que a menudo ignorábamos albergar. Hasta dónde queremos llegar depende de cada uno de nosotros.

 

 

(1) “Manual para profesionales del Renacimiento” de Fanny Van Laere y Leonard Orr, pag 17

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