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Para algunas personas las navidades pueden suponer un mal trago. El reencuentro con padres, abuelos y hermanos en las tradicionales comidas navideñas alteran su equilibrio y sacan a la luz viejos conflictos familiares y personales.

Algo parecido puede pasar cuando terminamos las vacaciones y volvemos al trabajo si tenemos un entorno tóxico en ése espacio.

Tan importante es la manera en que somos vistos como la mirada con la que nos vemos a nosotros mismos. Las personas que nos rodean en nuestras relaciones diarias son un reflejo de esa mirada.

La sabiduría popular ya dice : “Dime con quien vas y te diré quien eres.”

Uno de los frutos más valiosos del autoconocimiento y el crecimiento personal es tomar conciencia de la manera en cómo nos vemos a nosotros mismos.

De las cosas más importantes que aprendemos en la vida es a elegir nuestro entorno de relaciones personales y cotidianas.

Cuando nos respetamos a nosotros mismos y tenemos buena autoestima, no permitimos un entorno que no nos respeta. Eso implica que somos capaces de decir no, ponemos límites claros y tomamos decisiones claras al respeto.

Cuando no nos respetamos a nosotros mismos podemos tolerar relaciones y entornos tóxicos. Generalmente, al principio, ése es un proceso inconsciente.

¿Qué papel tienen nuestras relaciones de pareja en ése espejo ?

Por eso, el primer paso en cualquier proceso de crecimiento personal es mirar hacia dentro y empezar a abrir los ojos hacia aquello en nosotros mismos que no podíamos o no queríamos ver y, así, tomar consciencia.

Una vez tomamos consciencia, ya podemos elegir nuestro entorno y nos hacemos cargo de ello. Hasta entonces viene dado y reincidimos en relaciones tóxicas pese a ser responsables de ello como adultos.

En todo eso hay una parte de nuestro entorno que no elegimos. Nuestra familia biológica, nuestro país de nacimiento, nuestra cultura materna y paterna, nuestra pareja y nuestros hijos.

¿Qué papel tienen nuestras relaciones de pareja en ése espejo ?

Nuestras relaciones de pareja son la relación más íntima que tenemos. Son nuestra referencia exacta de la cantidad pendiente de trabajo que tenemos en el momento de cada encuentro y durante la relación. De la cantidad de conflictos pendientes por resolver que guardamos en nuestro inconsciente.

Solo la relación con nuestros hijos supone un espejo aún más cruel, más fiel de ello.

A menudo nos preguntamos porqué hay tantas separaciones en las parejas con hijos en los primeros dos años ?

Nuestras relaciones más íntimas, nuestros vínculos más fuertes conllevan los retos más grandes. Porqué están perfectamente diseñadas para sacar lo más profundo de nuestro inconsciente. Cuanto más fuerte es el vínculo más grande es el demonio que puede resurgir. Más grande el reto.

Siguiendo la ley del espejo. La mirada con la que nos vemos y la mirada con la que somos vistos. En las relaciones de pareja, así como con los hijos, no podemos elegir. Todos sabemos qué sucede cuando nos enamoramos y somos correspondidos. Esa fuerza que puede mover montañas surge por sí misma cuando nos cruzamos con esa persona. No elegimos. Nos sentimos atraídos ,empujados hacia ése encuentro de forma irracional.

Para mi esa es la fuerza del Gran Misterio que siempre velará por nosotros y nuestra libertad última e inherente del Ser. Esa fuerza de la naturaleza también llamada Dharma o el llamado Tao, Dios, Karma, Subconsciente, etc… Algo superior y que va más allá de nosotros y que conlleva también sufrimiento en un ciclo constante de destrucción y creación. Esa fuerza que nos mueve y mueve los hilos del mundo. O como decía Stephen Hawking en “La historia del tiempo” esa fuerza que nos empuja hacia delante.

A menudo nos preguntamos porqué hay tantas separaciones en las parejas con hijos en los primeros dos años ? Creo que ya os he dado mi respuesta.

Cuanto más nos conocemos a nosotros mismos y más herramientas tenemos para lidiar con nuestra sombra más harmoniosas serán nuestras relaciones. Cuanto más nos respetemos a nosotros mismos más seremos respetados.

Conociendo la ley del espejo hacemos posible que nuestra relación de pareja sea la luz de nuestro camino. Sea el camino de nuestra maestría. Hacemos posible que nuestras relaciones duren en harmonía. Hacemos posible el sueño anhelado de envejecer junto a nuestra amada o nuestro amado si lo deseamos y encontramos la persona.

Para esa mirada hacia uno mismo, para escucharnos, cuidarnos, amarnos y andar hacia la oscuridad es necesario potenciar nuestras cualidades femeninas. Pues todas esas cualidades necesarias son cualidades inherentemente femeninas dentro de la cosmovisión del Tao, el Budismo tibetano o la Ayurveda. Cosmovisiones distintas pero con mucho en común, que se han hecho tan populares hoy en día y donde occidente se sumerge en busca de respuestas que el Cristianismo ha ocultado deliberadamente. Y desde donde yo transito mi camino y bebo de sus aguas para dar a luz a éste artículo.

En general debemos aprender a fluir más con nuestras emociones y no temer tanto a emprender ése viaje hacia dentro de la osuridad de uno mismo.

Veo absolutamente necesario el resurgir de lo femenino para sanar ese mundo enfermo. Y a veces veo tanto al movimiento feminista como al movimiento machista dar muchos palos de ciego.

Me inspira la idea de que nuestra mirada es la mirada del universo que se mira a sí mismo. Y diría que se nos metió algo en el ojo bien metido.

 

Pintura :

“The two sides of a mirror.” – Ana Boulain
London – United Kingdom

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